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SANTA ISABEL DE PORTUGAL

REAL CAPILLA DE SANTA ISABEL DE PORTUGAL (VULGO SAN CAYETANO)

HISTORIA

Iglesia de Santa Isabel (vulgo San Cayetano)
Santa Isabel de Portugal a principios del siglo XX
Altar de la Cofradia de las Siete Palabras y de San Juan
La Diputación del Reino de Aragón, acordó en Cortes celebradas en 1678 erigir esta Real Capilla en honor a Santa Isabel, infanta de Aragón, hija de Pedro III y reina de Portugal por matrimonio. Fue canonizada en 1625 tras hacerse famosa por su caridad y milagros, además de todo ello, por el incidente que protagonizó, al interponerse físicamente entre los ejércitos de su marido y su hijo (el futuro Alfonso IV), evitando así una guerra civil.
La hermandad de los Padres Teatinos en Zaragoza, intentaban desde hacía años,  levantar un edificio digno para el culto a la Santa, para ello contaban con los solares de la plaza del Justicia, de este modo la Diputación del Reino se hizo cargo de la construcción del templo en este solar y a cambio los Padres Teatinos se asentarían en el cómo iglesia conventual y se harían cargo del culto. Las obras comenzaron en 1682 y terminaron en 1704.
Con los decretos de nueva planta de Felipe V quedó suprimida la Diputación del Reino de Aragón y la Iglesia de Santa Isabel pasó a depender del patrocinio real, pero siguió regentada por los Padres Teatinos.
Tras la destrucción del Convento de San Francisco (1809) en el segundo sitio de los franceses a la ciudad de Zaragoza, la Hermandad de la Sangre de Cristo que tenía su capilla en dicho convento, se trasladó e instaló en Sta. Isabel, utilizando una de las capillas de los pies del templo para exponer el Cristo de la Cama, la más venerada imagen de la Hermandad, que fue rescatada de las ruinas del convento franciscano. La Hermandad permanece en la iglesia hasta nuestros días.
En 1835 se constituyen las diputaciones provinciales. La comunidad teatina fue suprimida, y la reciente Diputación de Zaragoza se encargó de su conservación, por orden de la Dirección General de Rentas y Arbitrios de Amortización, el 18 de agosto de 1842.
Durante la segunda mitad del siglo XIX la Hermandad de la Sangre de Cristo cuidó del culto y la conservación de la iglesia. Mediante un acuerdo el 28 de enero de 1898 la Diputación ratificó a la Hermandad el usufructo de Sta. Isabel a condición de que se hiciera cargo de la reparación y conservación del templo, sujetas a proyectos provinciales.
En 1905 la Hermandad asistida por la Diputación, se hizo cargo de la reparación de las cubiertas, la chapa de plomo de la cúpula y el chapitel de la torre de campanas. En 1919 se atendió de urgencia el desprendimiento parcial de un tejado junto con otras reparaciones urgentes, todo ello con material aportado por la Diputación.
El 17 de octubre de 1914 los restos mortales del Justicia Mayor Juan de Lanuza fueron trasladados desde la Casa Consistorial hasta el Palacio Provincial y de allí a Sta. Isabel, donde fueron definitivamente depositados. Todo ello en medio de un gran acto en el que se la rindieron honores militares y asistieron figuras ilustres de la época. Una vez en el interior de la iglesia, tras el responso, la urna se instaló en el presbiterio, sobre una lápida de mármol italiano.
Con el transcurso del tiempo la Diputación ha asumido directamente el mantenimiento. En 1964 tras volver a establecerse los teatinos, se destinó una partida para la reparación de cubiertas. En 1968 se efectuaron obras en las torres y la fachada, y en 1988 se comenzaron las obras que han dado lugar a la restauración integral, debido especialmente a un atentado cometido en las inmediaciones por la banda terrorista E.T.A.

EXTERIOR E INTERIOR DE SANTA ISABEL

Sta. Isabel se comenzó a construir en 1682, a cargo de los maestros de obras Miguel Sanclemente, Pedro Martínez, Miguel Cebollero y Francisco López, y los canteros Pedro de Aguirre y Juan de Aguirreche para cortar y labrar la piedra destinada a la fachada. A partir de 1696, un nuevo cantero, Francisco de Urbieta intervino en el corte de piedras y molduras. Los trabajos con alabastro de la fachada se debieron a Jaime Ayer y Francisco Pérez Artigas. El edificio se concluyó en 1706, según indica un tarjetón colgado en el trasaltar mayor.
 De la traza del templo se encargan los teatinos y su diseño repite en planta el de la iglesia de S. Cayetano en Madrid, también de la misma congregación, y al parecer llevado a cabo con planos que procedían de Roma.
Las características más singulares de Sta. Isabel son las plantas centralizadas, las cúpulas y la iluminación, obra del arquitecto italiano (teatino) Guarino Guarini (1624-1683). Influyeron en la que más tarde sería la iglesia de Nuestra Señora del Portillo (1702).
EXTERIOR: A pesar de integrarse plenamente en la trama urbana, eso no impide que muestre con todo esplendor la monumental fachada de dos cuerpos. El primero tiene cinco ejes, de los cuales los extremos se corresponden con las torres y sobre ellas un remate de ascendencia viñolesca. Contrasta con la sobriedad clasicista de sus líneas, la profusa decoración churrigueresca de los antepaños.
Jaime Ayet y Francisco Pérez de Artigas realizaron la talla, cuyo eje principal se realza por las armas heráldicas (decoración típica de la época) de Aragón. Bajo ellas se encuentra un arco de medio punto que enmarca la puerta de entrada.
Las estatuas de S. Andrés, S. Cayetano y Sta. Isabel corresponden al escultor Francisco Villanoba y son de finales del siglo XVII.
INTERIOR: La iglesia se estructura en torno a una planta centralizada de cruz griega, incluida en el eje principal una acusada cabecera de doble espacio y un tramo a los pies sobre el que se sitúa el coro alto cubierto con una original bóveda elíptica que se relaciona con las de la iglesia de la Mantería (situada en la plaza S. Roque de Zaragoza).
La novedad de esta iglesia es la cubierta de cúpulas, cuatro secundarias dispuestas en aspa y los tramos que las separan son de cañón con lunetos, y una central sostenida por cuatro potentes pilares, cuyas proporciones realzan el tambor que la ilumina. Dominan en los detalles interiores los pronunciamientos de las cornisas y el orden compuesto, pero todo ello sin detalles de estuco al igual que en la fachada.
La iglesia conserva retablos (en su mayoría barrocos), en arco de medio punto y adaptados a los contrafuertes de las bóvedas. Destacan en el interior:
En el tramo central de la nave lateral izquierda el “Retablo de Nuestra Señora de la Agonía” (del platero José Godó), las imágenes de “Sta. Águeda” y “Sta. Lucía” (del escultor zaragozano José Sanz Alfaro), en el crucero la “Piedad” conjunto policromado (de A. Palao), próximo a esta las estatuas sobre ménsulas rococós de “S. Cayetano con el Niño” y “S. Andrés Avellino” (de José Ramírez de Arellano) del mismo autor de las imágenes en madera del retablo mayor, “Sta. Bárbara” y “S. Luis de Francia”. Destaca también el “grupo ecuestre de S. Jorge” que coronaba el altar y que actualmente se encuentra en el vestíbulo de la Diputación. La obra titular “Sta. Isabel” es obra de Gregorio Messa de hacia 1705 fecha que coincide con el ornato de la Real Capilla.
El retablo mayor, barroco de la última época, es exento, tiene puertas que sirven de acceso al trascoro; su línea sobria, de tendencia academicista barroco-romana es una combinación de jaspes, mármoles y dorados, imbricados con la escultura policromada y blanca, conformando una unidad visual de procedencia berninesca.
En el lateral derecho hallamos el antiguo retablo del “Buen Pastor”, es barroco y se halla presidido por una talla de la “Inmaculada” y junto a la imagen de “S. José”. A continuación el retablo de “S. Andrés Avelino” churrigueresco y a los pies de la iglesia la figura de “Nuestra Señora de la Cabeza y el grupo barroco de “S. Joaquín y la Virgen de la primera mitad del siglo XVII.
En la capilla de la Cofradía de la Preciosísima Sangre de Cristo destaca el “Cristo de la Cama”, que tiene un importante papel en la Semana Santa Zaragozana.

RESTAURACIÓN Y REAPERTURA 1998


Detalle del Cristo de las Siete Palabras
El año 1998 ha visto como varias obras de arte arquitectónicas de la capital aragonesa, abrían sus puertas nuevamente al público tras largos periodos de restauración. Así, joyas como la Catedral de San Salvador (más conocida como La Seo), la iglesia de S. Gil Abad o la real capilla de Sta. Isabel de Portugal, han sido recuperadas para la admiración de una ciudad que ve resurgir con fuerza su espíritu histórico (todas estas obras permanecían cerradas al culto, exceptuando S. Gil).
El 4 de julio la iglesia de Sta. Isabel de Portugal abrió sus puertas tras una restauración integral. Al acto que coincidió con la festividad de Sta. Isabel acudieron numerosas personalidades, como Santiago Lanzuela (presidente del gobierno de Aragón), Luisa Fernanda Rudi (alcaldesa de Zaragoza), José Ignacio Senao (presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza), Monseñor Elías Yanes (arzobispo de Zaragoza), etc.
El arzobispo Elías Yanes ofició una misa acompañada de las voces de los infanticos del Pilar y la Coral de Torres de Berrellén, y bendijo el templo. Además asistieron numerosos miembros de la Diputación Provincial y la Hermandad de la Sangre de Cristo.
La Diputación de Zaragoza propietaria del edificio, ha invertido 214 millones en una restauración dirigida por Pedro Navarro Trallero (Jefe del servicio de restauración de la Diputación Provincial) y que ha afectado a la cubierta, los paramentos de ladrillo de las fachadas, pintura en los
muros, bóvedas y cúpulas interiores, abertura de las ventanas originales junto con la colocación de cristaleras de vidrio transparente, sustitución del pavimento de madera por uno de mármol y limpieza de la carpintería, retablos y escaleras.
Ha raíz de las obras se ha descubierto que las figuras de Sta. Isabel, S. Cayetano y S. Avelino que decoran la fachada son de yeso, y no de alabastro como se creía, estas figuras iban recubiertas de pan de oro, y por ello se ha decidido respetar el aspecto original y dorarlas.
El 13 de Enero de 1951 la Cofradía de Las Siete Palabras y de San Juan Evangelista termino la construcción y pintura del altar que tiene en Santa Isabel de Portugal y en el cual tiene depositadas las imágenes del paso de la tercera palabra (1948) obra del escultor Zaragozano Félix Burriel y Marín y que son sacadas el día de Viernes Santo en la predicación de las Siete Palabras.

(Estudio arquitectónico y artístico obra de Azahara Pintanel Alcazar Y Joaquin Pintanel Martinez)


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